martes, 12 de noviembre de 2013

Sentir de poeta

 
Válido es todo sentir de poeta 
toda impresión 
vigorosa o suave 
rabiosa o tierna 
jubilosa o triste 
ligera o profunda.
  
Válido mi pegaso mitológico 
mi juventud a ultranza 
mi llave-clave.

Válido el boomerang de plata 
los espejos paralelos 
mis juguetes salvajes.
  
Mézclense con la Historia 
canten en la selva 
bailen 
vuelen al cosmos 
pinten espirales en el espacio 
duerman silenciosos 
salten.

Hagan cambiar el Tiempo 
que ha de cambiar obligatoriamente 
pesen mucho en la espalda 
en el hombro
en la sien, 
revuelvan los impulsos aplacados 
desboquen sus potros 
desvelen el sueño 
provoquen somnolencia en la vigilia 
perturben el reposo 
calmen el fuego del pensar 
incansable.
  
Y sobretodo siempre 
no permitan que la tranquilidad 
nos enajene.

miércoles, 30 de octubre de 2013


Inicio de mi nueva novela

Las transiciones de Octavio

Un pálpito abarcador se apropiaba de su mente, y percibía una clara presencia familiar nunca acompañada de su ser corpóreo. Hubiera querido extender la mano para alcanzar la otra o para acariciar el cabello de raíces que otrora se ensortijaba en sus dedos ansiosos... ¡Pero hubiera sido inútil!

La primera vez que Octavio transitó, lo hizo en un sueño. Se había quedado dormido pensando en Estela, oliendo la fragancia de su abundante pelo rojo, abrazando la redondez de su cuerpo blanco y suave y tibio... ¡Y despertó a su lado! Ella dormía ceñida a él, desnuda bajo la colcha. Octavio podía sentir la calidez de su piel y el aroma de su cuello, podía besar sus ojos cerrados, su nariz afilada, su boca entreabierta. Estela era de él y de nadie más. Le pertenecía, al menos en su sueño...

Los recuerdos se habían materializado a retazos, como en un rompecabezas. Cada pieza era, en sí, perfecta. El todo ya no existía. Cada transición le traía algunas piezas. La primera le entregó el cabello de Estela, su cuerpo, sus facciones... Entonces lo consideró bastante. No suficiente, pero bastante. Estaba satisfecho. ¡Por el momento!...

viernes, 25 de octubre de 2013


Fragmento de mi novela "Basilisa"

Despierta, Basilisa sabía que el miedo era absurdo. Lo sabía desde los siete años. Sabía que se vencía estudiando, aprendiendo, sabiendo. Era un sentimiento primitivo y bruto.
En su casa nadie sentía miedo. No podían sentirlo. Sabía que la oscuridad era sólo falta de luz. De noche, todos los gatos parecían pardos. Pero Basilisa sabía que Mauricio era blanco y que Caretica era una gata barcina. Lo sabía porque los había visto de día, porque los conocía, porque había jugado con ellos y les había dado de comer. Sabía que la oscuridad no era una cueva vacía ni misteriosa. Era el manto negro de la noche que suplantaba al manto iluminado del día. Por la rotación de la Tierra alrededor de su eje. Para que las plantas pudieran respirar, y para que el terral sustituyese a la brisa. Para que los hombres y los animales descansaran y soñaran. Para que las lechuzas vigilasen y el pavimento pudiera refrescarse. Sabía que el coco no existía, ni tampoco el cocobolo del que hablaba su tío Carlos. En Cuba no había lobos, ni fieras, ni serpientes venenosas. Sólo la viuda negra, pero únicamente en Oriente, ¡y eso quedaba muy lejos!

Una noche, los piececitos de las sandalias blancas quisieron andar, levantarse del silloncito que había sido de Basilisa-bisabuela, para salir a buscar un caramelo dejado, por olvido, en el comedor, al final del larguísimo pasillo. (¡Y era de noche!)
Estaba oscuro, pie derecho, pie izquierdo. La noche no es una cueva vacía, pie derecho. Pero parece una cueva vacía, pie izquierdo. La Tierra gira, pie derecho, y ahora el sol está del otro lado, pie izquierdo. Bom bom; bom bom; bom bom. No hay leones, pie derecho, bom, bom, bom. ¿Y tigres?, pie izquierdo, bom, bom, bom. ¿Y viejas locas?, pie derecho, bom, bom. Esta casa es la más segura del mundo, pie izquierdo, bom, porque la construyó el Ingeniero Sánchez Giquel, pie derecho, bom. La estatua romana quiere salirse del pedestal, izquierdo, bom, bom, bom, bom. Pero es de piedra, derecho, bom, bom, bom. No, las viejas locas están en “Mazorra”, izquierdo, bom, bom. Yo me porto bien, derecho, bom.
Las manitas, que ahora asían el timón de Raisa, más resueltas que inseguras, tentaron la mesa de comer, que hacía rato había sido recogida para que los ángeles de la guarda pudiesen no continuar arrodillados, y ¡eureka! hallaron el caramelo en las tinieblas y lo apretaron con fuerza. Los piececitos echaron a correr pasillo abajo, izquierdo, derecho, ¡100 kms!, BOM; izquierdo, derecho, ¡125 kms!, BOM; izquier, derech, ¡140!, BOM; izq, der, ¡155!, BOOOM...
―¡Mami, te traje un caramelo del comedor!
―¡¿Y no tuviste miedo?
―¡No!

miércoles, 23 de octubre de 2013


Mi sueño

No me niegues un sueño-ciencia-ficción
no me impidas que estés en él
acompañando mi extensa aventura espacial
cargada de dimensiones múltiples:
ibas conmigo
teníamos los pies alados
andábamos
sobre nubes gruesas, grises, esponjosas

sin nave de metal
ni combustible
nos agarrábamos
a un boomerang plateado
extraído de un sueño
soñado dentro del mismo sueño mío
corríamos entre los cráteres lunares
apartando el humo
con las miradas magnéticas
y entrábamos, con seguridad, por los soles
de las verdades limpias
grandes
majestuosas
los soles de las verdades soñables.

PEQUEÑO DUENDE

                   a mi hija, Laura


Pequeño duende
PEQUEÑO DUENDE

                          a mi hija, Laura



Pequeño duende

que saltas por los montes

inconforme y rebelde

te me antojas

el hacedor de lo desconocido

componedor

de hechizos misteriosos

que hacen la vida leve

fecunda

interesante.



Eres

la magia de lo humilde

la chispa de lo triste

lo enorme de lo breve.



Eres espuela fina

que aguijona y no hiere

Eres roce de gotas cristalinas

en la piel cuando duele.




Tienes la llave-clave

que abre todas las puertas

y la salida

precisa y consecuente

de todos los problemas.



Te me apareces,

como si no pasara nada,

en cualquier circunstancia

en la reunión

en la oficina

en un informe

o en la guardia.



Pequeño duende

vive siempre conmigo

inconforme y rebelde

haz lo desconocido cotidiano

lo común misterioso

bueno lo malo.




inconforme y rebelde

te me antojas

el hacedor de lo desconocido

componedor

de hechizos misteriosos

que hacen la vida leve

fecunda

interesante.



Eres

la magia de lo humilde

la chispa de lo triste

lo enorme de lo breve.



Eres espuela fina

que aguijona y no hiere

Eres roce de gotas cristalinas

en la piel cuando duele.




Tienes la llave-clave

que abre todas las puertas

y la salida

precisa y consecuente

de todos los problemas.



Te me apareces,

como si no pasara nada,

en cualquier circunstancia

en la reunión

en la oficina

en un informe

o en la guardia.



Pequeño duende

vive siempre conmigo

inconforme y rebelde

haz lo desconocido cotidiano

lo común misterioso

bueno lo malo.

sábado, 19 de octubre de 2013


Nueva clave

Escribí un cuento en mí menor
y nunca pude concluirlo:
los personajes no se delineaban,
andaban de cabeza
como los chinos en las antípodas.

Hoy he escrito un cuento en tú mayor
y he logrado mi sagrado propósito.

El premio


Primero me desterraron. Tuve que caminar por las arenas del desierto hasta que me sangraron los pies, sin contar el calor, la sed y el cansancio. Sentí hambre, frío y miedo. Luego, me buscaron  hasta encontrarme, me trajeron de regreso  y me dispararon cuatro balazos en el pecho.
Cuando caía, noté que en el suelo habían crecido flores rojas de mis gotas de sangre; en mi pecho brotaron rosas de las heridas.
Los burócratas supieron de mi sangre milagrosa. Se arrepintieron del crimen, pero era tarde.
Para el funeral, colocaron cuatro medallas donde antes estuvieron las heridas de las balas, y una enorme bandera patria cubrió mi ataúd. Subí al cielo tranquila y sin rencores.